domingo, 12 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
TRES FLORES Y UN NIÑO: CUENTO DE LUPITA QUIRÓS ATHANASIADIS.
Este
relato resulta sumamente fresco por la forma desnuda como trata la narradora la
realidad cotidiana de personas de clases sociales diferentes que tienen por
morada nuestro país.
Por
un lado, nos encontramos a Aquilino, un niño Kuna, quien junto a su padre
acompaña a un acaudalado hombre de negocios en sus momentos de entretenimiento
dedicados a la cacería, mientras que su madre se prepara para traer un nuevo
miembro a la familia en medio de la pobreza; y, en un tercer plano, tenemos a
Lucrecia, la esposa del empresario, quien vive en la cúpula del protector
cristal del dinero, en un mundo ficticio en el cual espera que su marido
retorne a casa contando las singulares hazañas sobre la caza, aunque ya sabe
que los actos protagónicos se le deben a Calacho, el padre de Aquilino.
El
niño, en un lugar del bosque, espera la llegada de su padre y su patrón;
muestra preocupación, porque sabe que en su casa es indispensable frente a la
situación generada por el estado de su madre.
Sin embargo, se mantiene taciturno en espera de que los hechos se
desarrollen; él tan solo es un elemento dentro de la escena de su mundo.
Aquilino
es, no obstante, un personaje singular, obedece y calla los caprichos de su
patrona; y, además, practica el hábito del ahorro y demuestra amor por la
lectura, factores que nos permiten augurar un futuro más prometedor para él.
Mientras
esperaba en el bosque, con hambre, ve
tres hermosas flores que toma y se las lleva cuando su padre y su jefe retornan
y preparan el invento para convencer a doña Lucrecia de las habilidades de
cazador que tiene el interesado marido.
Las
tres flores van a cobrar un papel protagónico dentro del relato, puesto que la
primera se la regala Aquilino a doña Lucrecia, una señora dueña de todo, pero
que no puede evitar un feliz sentimiento al sentirse obsequiada de tan humilde,
pero hermosa manera.
La
segunda flor le fue robada a Aquilino cuando iba a ver a su madre
parturienta. Sin embargo, continuó su
camino sin detenerse a ver el final del Cobra, quien le robó y fue acabado a
tiros por la policía.
Al
fin, Aquilino llega al Hospital Santo Tomás, regala su tercera flor a su madre,
quien estaba feliz al tener a su primera hija después de cuatro varones. Al salir del hospital, Aquilino ve en el
periódico al Cobra, su asaltante, con la tercera flor sobre su pecho. El
relato, entonces, cobra un interesante matiz pues el niño dentro de su
sencillez y de sus limitaciones, supo hacer feliz a doña Lucrecia, quien, a pesar
de su cómoda posición carecía de este tipo de detalles; hizo feliz a su madre
después del parto y, con la tercera flor, podemos imaginarnos que mitigó el
dolor de la madre del Cobra frente al dolor del hijo muerto.
CAMBIO CLIMÁTICO Y AMBICIONES: CAUSAS, CONSECUENCIAS, REALIDAD.
Este es un mensaje para todos los "terrícolas", habitantes del planeta tierra:
El cambio climático es totalmente justo: tenemos los mismos
derechos y los mismos deberes; nos invita a una vida más modesta (NO TODO ES
DINERO).
Nos recuerda a cada momento que tenemos un solo lugar para vivir (LA TIERRA),… una sola casa.
Si la acabamos de destruir, ni con todo el dinero imaginable por la mente humana, habrá a quién sobornar.
Antes de que la tierra se acabe, nos habremos acabado los humanos.
Nos estamos extinguiendo por calor, por falta de agua, producto de nuestras desmedidas ambiciones.
Si no hacemos algo, tal vez alguna vez este mensaje lo leerá otra especie, o se interpretará en otra galaxia.
El cambio climático es totalmente justo: tenemos los mismos
derechos y los mismos deberes; nos invita a una vida más modesta (NO TODO ES
DINERO). Nos recuerda a cada momento que tenemos un solo lugar para vivir (LA TIERRA),… una sola casa.
Si la acabamos de destruir, ni con todo el dinero imaginable por la mente humana, habrá a quién sobornar.
Antes de que la tierra se acabe, nos habremos acabado los humanos.
Nos estamos extinguiendo por calor, por falta de agua, producto de nuestras desmedidas ambiciones.
Si no hacemos algo, tal vez alguna vez este mensaje lo leerá otra especie, o se interpretará en otra galaxia.
miércoles, 8 de mayo de 2013
ESTATUDOS ACUEDUCTO RURAL DE PEÑA BLANCA.
Peña Blanca, 8 de mayo de 2013
E. S. M.
Mediante la presente les notificamos
que les estamos haciendo entrega de una copia de los Nuevos Estatutos de
Funcionamiento del Acueducto Rural de Peña Blanca,
Les recordamos que los mismos son de estricto cumplimiento,
en función de que son producto de una Asamblea en la cual participaron todas
las partes interesadas, además de que están respaldados por la Resolución 028
de 31 de enero de 1994 y por el Decreto Ejecutivo N°40 de 18 de abril de 1994.
lunes, 6 de mayo de 2013
LAS ABREVIACIONES EN LOS CHATS.
LAS ABREVIACIONES Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA COMUNICACIÓN
(Tomado textualmente de La ortografía de la lengua española. México: Editorial Planeta Mexicana. 2011. Págs, 585-586),
"El lenguaje utilizado en los chats y en los mensajes cortos de telefonía celular o móvil es tal vez, en la actualidad, el más proclive a la proliferación indiscriminada de todo tipo de abreviaciones. Contrariamente a lo que sucede con los textos discursivos de carácter general, a los que los nuevos soportes electrónicos proporcionan un espacio prácticamente ilimitado, en el caso de los mensajes de telefonía móvil, tanto las dimensiones del soporte (con teclados y pantallas reducidos) como la restricción a un número limitado de caracteres por mensaje justifican que se recurra muy a menudo a las abreviaciones gráficas. Además, en los dos contextos comunicativos mencionados, la inmediatez que preside en todo momento una comunicación que, aún siendo escrita, se halla próxima a los códigos de la oralidad exige la máxima premura en la materialización del mensaje.
Curiosamente, muchas de las características de las abreviaciones empleadas por los usuarios de estos modernos medios de comunicación, por lo general personas muy jóvenes o con un talante innovador o transgresor, muestran claras similitudes con los sistemas primigenios de abreviación. Así, por ejemplo, al igual que en latín las iniciales de las fórmulas habituales y repetidas generaban siglas (como el epitafio frecuente S V T L por sit uobis terra leuis "que la tierra te leve"), en la actualidad las expresiones fijas y recurrentes usadas en la comunicación interpersonal se abrevian en estos nuevos medios de comunicación por el mismo procedimiento, con la única diferencia de que prescinden enteramente de los espacios y se escriben en minúscula (letra no marcada en este contexto comunicativo y la más fácilmente disponible, pues, a diferencia de la mayúscula, no exige ser previamente seleccionada por el usuario: tqm te quiero mucho, asc por al salir de clase, nls por no lo sé, tvl por te veo luego.
Asimismo, las abreviaciones de palabras en estos ámbitos prescinden de modo casi sistemático de las vocales, dando lugar a una suerte de abreviaturas por contracción que, de manera similar a los primitivos sistemas de escritura, mantienen solo la estructura consonántica: dnd por dónde, tjt tarjeta, hcr por hacer, etc. Como es lógico en un sistema en el que el ahorro de caracteres constituye a menudo una prioridad y en el que los usuarios comparten el principio básico de que cualquier palabra puede ser abreviada, no se emplea ningún tipo de signoo adicional para marcar las abreviaciones.
Teniendo en cuenta el aspecto lúdico y transgresor asociado a estos registros, es especialmente significativo en ellos el uso de abreviaciones que incluyen cifras, letras y símbolos para representar la secuencia fónica a ellos asociada: to2 por todos, q3 por cutres, q por qué, qué honda, d+ por demás.
Las abreviaciones acuñadas para su uso en chats y en mensajes cortos tienen restringido su empleo a ese ámbito y no deben trasladarse a la lengua general, por lo que no son objeto de regulación ni sistematización por parte de la ortografía.
jueves, 25 de abril de 2013
miércoles, 24 de abril de 2013
LEY DEL DÍA DEL ESCRITOR Y DE LA ESCRITORA EN PANAMÁ
Ley Nº 14
De 7 de febrero de 2001
Que declara el 25 de abril de cada año, Día de la Escritora
y del Escritor Panameños y crea la Condecoración Rogelio Sinán
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
DECRETA:
Artículo 1. Se declara el 25 de abril de cada año Día de la
Escritora y del Escritor Panameños, en conmemoración del natalicio del insigne
literato panameño Rogelio Sinán.
Artículo 2. El Día de la Escritora y del Escritor Panameños
será una fecha cívica y se celebrará en todo el territorio nacional. Esta
celebración estará orientada a resaltar la literatura panameña, así como la
vida y obra de las escritoras y de los escritores panameños.
Artículo 3. El Ministerio de Educación, el Instituto
Nacional de Cultura, los centros educativos oficiales y particulares, así como
los centros de enseñanza superior, garantizarán el cumplimiento de la
disposición anterior y colaborarán en la organización de actividades orientadas
a resaltar el aporte cultural y literario de escritoras y de los escritores
panameños.
Artículo 4. Se crea una condecoración nacional denominada
Rogelio Sinán, que será otorgada cada dos años por el Órgano Ejecutivo a una
escritora o a un escritor seleccionado por su trayectoria y méritos literarios
y humanos.
Artículo 5. La condecoración aludida en el artículo anterior
será reglamentada por el Órgano Ejecutivo a través del Ministerio de Educación.
Artículo 6. Se crea el Consejo Nacional de Escritoras y de
Escritores de Panamá, cuya directiva provisional por dos años estará integrada
por una escritora o un escritor designado por cada una de las siguientes
instituciones:
1. Ministerio de Educación.
2. Instituto Nacional de Cultura.
3. Academia Panameña de la Lengua.
4. Universidad de Panamá.
5. Universidad Tecnológica de Panamá.
6. Universidad Autónoma de Chiriquí.
7. Universidad Santa María la Antigua.
8. Universidad Especializada de las Américas.
Articulo 7. Las funciones del Consejo Nacional de Escritoras
y de Escritores de Panamá serán las siguientes:
1. Organizar, conjuntamente con el Ministerio de Educación,
las actividades del Día de la Escritora y del Escritor Panameños, así como
otras actividades tendientes a resaltar la vida y obra de los escritores
nacionales.
2. Seleccionar y recomendar al Órgano Ejecutivo a la
escritora o al escritor merecedor de la Condecoración Rogelio Sinán.
3. Impulsar iniciativas de apoyo al trabajo creativo de la
escritora y del escritor, tanto de índole docente, editorial y comunicativa,
como legal, social y económica.
4. Promover la creación de la Casa de la Escritora y del
Escritor
5. Establecer y aprobar sus estatutos y sus reglamentos
internos, los cuales serán presentados para su refrendo a la Junta Directiva
del Instituto Nacional de Cultura.
6. Diseñar la Condecoración Rogelio Sinán.
Artículo 8. Esta ley comenzará a regir desde su
promulgación.
COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE.
Aprobada en tercer debate, en el Palacio Justo Arosemena,
ciudad de Panamá, a los 31 días del mes de diciembre del año dos mil.
El Presidente,
Laurentizo Cortizo Cohen
Secretario General,
José Gómez Núñez
ORGANO EJECUTIVO NACIONAL – PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA PANAMÁ,
REPÚBLICA DE PANAMÁ, 7 DE FEBRERO DE 2001.
MIREYA
MOSCOSO
Presidenta
de la República
DORIS ROSAS
DE MATA
Ministra de
Educación
martes, 9 de abril de 2013
DÍA MUNDIAL DEL IDIOMA ESPAÑOL: 23 DE ABRIL
ALOCUCIÓN
DÍA
DEL IDIOMA
El 23 de abril se
celebra el Día Mundial del Idioma Español.
La fecha concuerda con el deceso de la más egregia pluma de las letras
hispánicas, don Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la célebre novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
Mancha.
Sin lugar a dudas, la fecha resulta propicia para
reflexionar sobre la importancia que el español tiene en el siglo XXI, al grado
que, con fundamento incuestionable, ha afirmado el Secretario General de la
Asociación de Academias de la Lengua Española, don Humberto Morales, que en
unos cuarenta años será el idioma más hablado en los Estados Unidos.
Hoy, son muchos los países en los que el español es la lengua materna; aunque
ninguno puede atribuirse la exclusividad en su uso, su manejo, su conocimiento
ni sus cuidados. El español es de todos los que lo hablamos.
Por ello, sus normas tienen cierto nivel de
plasticidad que le permiten al español adaptarse a las condiciones de todos los
hispanohablantes; el español que hablamos los panameños, pese a sus rasgos
distintivos, no resulta ni mejor ni peor que el que se habla en España o en
Argentina; es solo una variante; tal vez diferente a las particularidades de
los argentinos o las de los españoles, pero con la capacidad indisoluble de
resolver las diferencias a través del concepto de unidad.
Otro aspecto, que debemos reconocer es
que nuestro idioma no es una lengua muerta.
Es un idioma vivo sometido a cambios y movimientos que permiten su
continuidad, convirtiéndose en el continente del pensamiento de pueblos
diversos con características sui generis.
Que tan significativa fecha sirva para
inmiscuirnos en la esencia de su realidad, como instrumento de unión entre
todos los pueblos hispanohablantes, como vaso en el cual ha sido depositada nuestra
sustancia general y particular.
Velemos por el buen uso del idioma, cultivemos
sus formas y, sobre todo, sintamos la alegría del bullir de la unidad hispánica
en nuestras venas.
viernes, 15 de febrero de 2013
CORTÁZAR Y RAYUELA: NEGANDO EL OLVIDO
Como si fuera poco, este mes de
febrero se cumplen 50 años de la aparición de su gran novela, Rayuela. Ante este hecho, el reconocido
escritor nicaragüense, Sergio Ramírez
nos dice:
“Este mes de febrero se cumple medio
siglo de la aparición de Rayuela,
publicada en Buenos Aires por la Editorial Sudamericana. Julio Cortázar, que ya
el año que viene alcanza el siglo, tenía entonces cincuenta años de edad, con
lo que podemos decir que la novela más experimental, novedosa y provocadora que
se escribió en los tiempos del boom, fue la obra de un viejo que nunca dejó de
crecer, siempre de atrás hacia delante, botando años por el camino hasta
quedarse en una figura de adolescente que se va haciendo niño, como aquel
personaje de William Faulkner en Desciende, Moisés.
Para los nostálgicos del Club de la Serpiente, que junto con sus miembros
originales surgidos en las páginas de Rayuela
aprendimos a despreciar el orden establecido y a ver el mal gusto delictivo que
había en apretar el tubo de pasta dentífrica desde abajo, no deja de ser una
ofensa el silencio casi completo que se cierne sobre este aniversario.
He contado en Internet las referencias que hay sobre artículos de prensa para
recordar el fasto, y no pasan de cinco o seis. ¿Será que envejeció Rayuela junto con todos nosotros?
Supongo que no, y me consuelo diciendo que a lo mejor se trata más bien de otro
clásico olvidado.” http://www.elboomeran.com/blog-archivo/7/sergio-ramirez/2/2013/
Para recordar a Cortázar, me permito
compartir dos textos de él: El poema Los amigos y el cuento Casa
tomada.
LOS AMIGOS
En el tabaco, en el
café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.
Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.
Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.
Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.
Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.
Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.
Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.
CASA
TOMADA
Nos gustaba la
casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben
a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de
nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos
Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa
podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos
a las siete, y a eso de las once yo -le dejaba a Irene las últimas habitaciones
por repasar y me iba a la cocina.
Almorzábamos a
mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos pocos
platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y
silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegamos a
creer que era ella la que no nos dejó casarnos.
Irene rechazó
dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos
a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que
el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura
de la genealogía asentada por los bisabuelos en nuestra casa. Nos
moriríamos allí algún día, vagos y
esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para
enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la
voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una
chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba
el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía
tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran
pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias,
tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A
veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le
agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada
resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro
a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y
nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una
vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura
francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la
casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo
importancia.
Me pregunto qué
hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un
pulóver está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el
cajón de abajo de la cómoda de alcanfor
lleno de pañoletas blancas, verdes, lila, Estaban con naftalina, apiladas como
en una mercería; no tuve valor de
preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la
vida, todos los meses llegaba la plata de los campos y el dinero aumentaba.
Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza
maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos
plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se
agitaban constantemente los ovillos. Era
hermoso.
Cómo no
acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la
biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que
mira hacia Rodríguez Peña.
Solamente un
pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde
había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual
comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán
con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por
el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de
nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más
retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y más allá
empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda
justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba
a la cocina y al baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa
era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se
edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte
de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la
limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires
ser! una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay
demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los
mármoles de las consolas y entre los rombo! de las carpetas de macramé; da
trabajo sacarlo bien con plumero vuela y se suspende en el aire, un momento
después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré
siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene
estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me
ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar
la entornado puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina
cuando escuché algo en el comedor o la biblioteca. El sonido venía impreciso y
sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de
conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo
del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la
puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el
cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el
gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina,
calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a
Irene:
-Tuve que cerrar
la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.
Dejó caer el
tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro ?
Asentí.
-Entonces -dijo
recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el
mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me
acuerdo que tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros
días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas
cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban
todos en la biblioteca. Irene extrañaba unas carpetas, un par de pantuflas que
tanto la abrigaban en invierno. Yo sentía mi pipa de enebro y creo que Irene
pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto
solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y
nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa
más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también
tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose
tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no. daban las once y ya estábamos
de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a
preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo
preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos
porque resulta molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y
ponerse a cocinar.
Ahora nos
bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba
contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a
causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la
colección de estampillas de papá, y eso
me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas,
casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces
Irene decía:
-Fíjate este
punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después
era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el
mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco
empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene
soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los
sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes
sacudones que a veces hacían caer el
cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se
escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos
el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso
todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce
metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum
filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que
quedaban tocando la parte tomada nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene
cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiado ruido de loza y vidrios
para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el
silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la
casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos más despacio para no
molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a
soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir
lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le
dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la
puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina
o tal vez en el baño porque el codo del
pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de
detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra.
Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de
la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde
empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos
siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta
cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuertes pero siempre
sordos, a espaldas nuestras.
Cerré de un
golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán.
Ahora no se oía
nada.
-Han tomado esta
parte --dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta
la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del
otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo
de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo
puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya
era tarde ahora.
Como me quedaba
el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la
cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle.
Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la
llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera
robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
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