lunes, 26 de septiembre de 2011

SEMANA DEL LIBRO Y OTRAS AFLICCIONES

Para Ricardo Ríos Torres y Carlos Fong
grandes promotores de la lectura en nuestro país.
Miguel de Cervantes Saavedra
                La Semana del Libro se celebra alrededor de la fecha de nacimiento de la máxima pluma de las letras españolas, quien vio la luz primera en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547.  Fallece en Madrid, el 23 de abril de 1616.
                A mi juicio, el objetivo primario de la Semana del Libro debiera ser la promoción de la lectura, la cual, siempre se ha promovido de las maneras menos eficaces concebidas por la mente del hombre, las cuales van desde el castigo de los primeros años de vida escolar, cuando faltábamos a la disciplina y el docente, como castigo reverente nos imponía ir a la biblioteca a leer, hasta los aburridos murales sobre Cervantes, en los cuales no faltan las imágenes grotescas de un Quijote encerrado en una habitación desordenada, plagada de libros de caballería, con leyendas asesinas tales como: “Don Quijote se volvió loco de tanto leer”,  con lo cual lo único que queda claro en la mente del estudiante es que no deben leer, porque se pueden volver locos y la locura es una enfermedad onerosa – en todos los sentidos – en medio de la sociedad consumista en la que nos desenvolvemos.
Sergio Ramírez
                La lectura no debe ser un acto de castigo, menos la génesis de una enfermedad. El Premio Iberoamericano de Literatura José Donoso, 2011, el nicaragüense Sergio Ramírez, nos dice que la lectura debe ser: "un acto de gozo. No temo afirmar que el primer deber de un libro de ficción es saber distraer, y aún las lágrimas que se vierten al leer dolores y desventuras, como en las novelas de Dickens, son parte de ese mismo gozo, la otra cara de la moneda de la risa. Lo digo porque al tratar de iniciar a alguien en la lectura, lo peor es anteponer entre el lector y el libro el aburrido propósito pedagógico. Un libro sólo es capaz de enseñar, si primero gusta. Si no gusta, sino encanta, sino hace reír, sino conmueve, sino entretiene, sino distrae, toda enseñanza, toda filosofía, cualquier moraleja, se volverá inútil, pues nadie llega a la última página de un libro aburrido; y cuando el lector abandona la lectura al apenas empezar, es como si ese libro nunca hubiera sido escrito para él, para ese lector."
                Todos los escritores de éxito, perdón, todas las personas de éxito, recomiendan la lectura como factor indispensable para llegar al conocimiento y aprender a actuar de acuerdo con las circunstancias, lo cual debe ser la función primordial del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Carlos Fong
Ricardo Arturo Ríos Torres
                Ojalá durante esta semana se promueva la lectura entre los estudiantes de todos los niveles, que se permita leer cualquier libro, que dejemos de censurar la lectura de los best seller,  émulos de los libros de caballería, pues los mismos conducen a historias de mayor profundidad y desencadenarán en la manufactura de lectores más provechosos.




domingo, 25 de septiembre de 2011

VENTAJAS DE SER ZOPILOTE


William Faulkner. (Autor).
Si tuviera la oportunidad de reencarnar, me gustaría volver a vivir como un zopilote. 
Nadie lo odia,
ni lo envidia,
ni lo quiere,
ni lo necesita. 
Nadie se mete con él,
nunca está en peligro
y puede comer cualquier cosa.

MANUAL PARA TENER ÉXITO

1. En lo exterior trata a todos con agrado, aunque no ames a ninguno.
2. Se muy liberal en dar honores y títulos a todos y alaba a cualquiera.
3. Si lograras un buen empleo, sirve en él a todos los poderosos.
4. Aúlla con los lobos, esto es acomódate a seguir el carácter del que te convenga, aunque sea en lo más criminal.
5. Si oyeres que alguno miente a favor tuyo, confirma la mentira con tu cabeza.
6. Si has hecho algo que no te importe decir, niégalo.
7. Escribe las injurias que te hagan en pedernal y los beneficios en polvo.
8. A quién trates de engañar, engáñale hasta el fin, pues para nada necesitas su amistad.
9. Promete mucho y cumple poco.
10. Sé siempre tu prójimo tú mismo, y no tengas cuidado de los demás.
Tomado de José Joaquín Fernández de Lizardi. Don Catrín de la Fachenda.



sábado, 24 de septiembre de 2011

GENERAL MANUEL ANTONIO NORIEGA: FRASES PARA RECORDAR

Me permito imitar a Gustavo Flaubert cuando recurrió a la figura del narrador para exculparse de sus narraciones.  Es decir, voy a presentar este texto como un cuento, que no lo cuento yo, sino que lo narra el narrador.  Los términos malsonantes serán definidos, de acuerdo con la versión que nos ofrece El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) de modo que mis parroquianos obtengan una mejor perspectiva semántica. Veamos:
"Cuando le preguntaron al General Noriega en 1985 que en si estaba inscrito en algún partido político, en cuál, el General respondió:

"No. Si estuviera que inscribirme en algún partido, me inscribiría en el partido de los emputados."

Sería interesante saber en cuál partido se inscribiría ahora que regrese.

Imaginaos, por un momento que el Ingeniero Juan Carlos Varela, regresa a la escuela secundaria, y, en la clase de historia le asignan analizar la siguiente situación dramática:

Personajes: General Manuel Antonio Noriega y General Rubén Darío Paredes.
Acto 1: 12 de agosto de 1983.  El General Paredes se retira de la comandancia de la Policía Nacional para lanzarse a la presidencia de la República en mayo próximo, bajo el lema: "desde ya."
Acto 2: El General Noriega, accede al poder y le dice al General Paredes: "buen salto, Juan Carlos";  perdón,

 "buen salto, Rubén..."

Una frase inolvidable, del General Noriega es:
"Quieran a Noriega, quiera a Noriega, que lo que viene es peor." 
Noriega tenía razón. En 20 años de democracia, nuestros políticos han logrado lo que no ha logrado en Jesucristo en 2000 años.  Jesucristo se dejó crucificar por el perdón de nuestros pecados y, a la fecha, nadie se ha arrepentido.  En 20 años, nuestros políticos han logrado arrepentir a casi 3 millones y medio de panameños.

Así, que me retiro,  confiado en que recordar estas frases, sirvan para que meditemos, luchemos por un Panamá mejor y que, como decía Julio Miller, los días de la dictadura con sus muertes, torturas, terror y desapariciones no vuelvan: "nunca jamás", con la inmortal frase del General Noriega

"NI UN PASO ATRÁS, CARAJO."

GLOSARIO
CARAJO: "carajo. (De or. inc.). m. malson. Miembro viril. || 2. despect. malson. Col., C. Rica, Hond. y Ven. U. para suplir el nombre de un hombre que no se quiere mencionar para desvalorizarlo. || al ~. expr. coloq. Denota enfado o rechazo. Al carajo el informe. || carajo. interj. U. para expresar disgusto, rechazo, sorpresa, asombro, etc. || del ~. loc. adj. coloq. Muy grande o intenso. Un susto, un frío del carajo. || importar algo un ~ a alguien. fr. coloq. No importarle nada. || irse algo al ~. fr. coloq. Echarse a perder, tener mal fin. || mandar a alguien al ~. fr. coloq. Rechazarlo con insolencia y desdén. || qué ~. expr. coloq. Denota negación, decisión, contrariedad, etc. || un ~. loc. adv. coloq. nada (ǁ ninguna cosa). No entiendes un carajo. || 2. expr. coloq. U. para negar o rechazar. || 3. coloq. U. para ponderar. Cuesta un carajo.

EMPUTADOS: emputarse. prnl. coloq. vulg. El Salv. y Hond. encolerizarse.

domingo, 18 de septiembre de 2011

FESTIVAL DE LA MEJORANA EN GUARARÉ: COFRE DEL FOLCLOR PANAMEÑO

Melquiades Villarreal Castillo   
         Por iniciativa del Dr. Manuel F. Zárate (1899-1968) se funda el Festival Nacional de la Mejorana en el año 1949, actividad en la que concurren todas las manifestaciones folclóricas de nuestro país, pues en el famoso desfile de carretas uno puede admirar todas las costumbres procedentes de las nueve provincias que conforman el país. ¿Por dónde llegas a mis venas, Panamá? es una pregunta que solo puede responderse, sin palabras, pero con el más puro entendimiento en el Festival de Guararé.
 Zárate viajó a Europa a estudiar y pudo advertir la celebración de los festivales los cuales, generalmente, se le dedicaban a un instrumento.  En Panamá, el eligió la mejorana. Este término fue definido por el Diccionario de Americanismos como:
"MEJORANA:
     1.1. Pa. Instrumento musical de cinco cuerdas, utilizado por los campesinos panameños. (mejoranera).  2. Pa. Canto que se acompaña con la mejorana. 3. Pa. Baile que se ejecuta al son de la mejorana." Fuente: Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario de Americanismos. Madrid: 2008. 

       El Festival de la Mejorana se celebra todos los años durante el mes de septiembre, teniendo como telón de fondo religiosos la celebración de las fiestas patronales de la Virgen de las Mercedes.
        El grito, la saloma, la cumbia, la décima, el canto y baile de la mejorana, lo más típico de la gastronomía panameña, la pollera, el tamborito, el bullarengue, la junta embarra son, entre otras, muchas de las manifestaciones folclóricas que propios y extraños pueden disfrutar durante los días de fiesta. La actividad, continúa siendo una ventana por la cual todavía en estos días, podemos asomarnos sin temor para percibir la esencia de lo que somos como nación.

sábado, 17 de septiembre de 2011

EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO DE JOSÉ SARAMAGO

Hace unos días, Rodrigo Rodríguez tuvo a bien prestarme la novela El evangelio según Jesucristo de José Saramago(Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010).

La novela al principio me pareció muy irreverente, a pesar de que me considero católico atravesado, puesto que se despilfarran palabras y detalles para describir el momento en que José se levanta en la madrugada, se aleja del bohío, saca su miembro y orina, lo sacude, retorna a la cama, despierta a María, le abre las piernas, se coloca en la posición de un misionero, levanta la túnica de la mujer que no cargaba ropa interior, saca su miembro nuevamente y, sin mediar ni palabras ni caricias, la posee para engendrar a Jesucristo.

No obstante, no puedo descartar el recursos artísitco a través del cual Saramago se vale de todas las trampas de la ficción para elevar a la categoría de lo simple y lo cotidiano de la vida de un carpintero de Nazareth, su esposa y su hijo, quien veinte siglos después sigue transformando la forma de pensar del mundo y se ha convertido en la única esperanza de redención.  Por otro lado, observamos la forma en la que los escritores actuales recurren a mil subterfugios de la verosimilitud para evitar la erosión de personajes históricos que se desgastan con el transcurrir de los siglos, mientras que Jesús, el hijo del carpintero, continúa consolidándose como figura universal a través del tiempo.

Los católicos, grupo religioso al que pertenezco, tienen un temor absurdo por el sexo. ¿Qúé importancia puede tener la forma en que Jesucristo fue concebido, si lo que trasciende es su obra? Me parece disparatado discutir sobre la virginidad de María, si eso es asunto de fe. Lo que importa es el papel que la historia religiosa le impone.

El final también es interesante, pues a pesar de que la obra señala todos los aspectos humanos de Jesucristo, concluye en la divinidad de su obra.  La enciclopedia Wikipedia, al respecto nos indica:
"Jesús no es creído por su familia, por lo que los abandona una vez más y vuelve con María Magdalena para vivir con ella como marido y mujer. En Magdala decide partir al mar de Galilea a buscar trabajo con los pescadores en el mar de Galilea. Un día que salió al mar él solo, es visitado por Dios y el Diablo. Dios le habla de su plan para que Jesús funde el cristianismo, porque Dios está molesto por haber sido sólo el Dios de una raza, y que los demás dioses parecen obtener toda la gloria. Jesús está en un principio en contra de lo que ve como un plan egoísta de Dios obligándole a soportar grandes sufrimientos, pero Dios le hace ver que en realidad no tiene otra opción, porque Dios es todopoderoso.
Jesús se convierte en un profeta de Dios, continuando con los milagros y también la predicación. Se hizo detener a sí mismo en una maniobra para desbaratar el plan de Dios, y trata de destruir su propia credibilidad, intentando morir como hijo de José y no de Dios, diciendo a los sacerdotes: "Soy el hijo del Hombre". Sin embargo, la novela termina con Jesús crucificado y percatándose de que en realidad no cambió nada y que el plan de Dios sigue en pie, que al fin y al cabo había hecho la voluntad de Dios cuando creía seguirla y cuando creía no hacerlo."


La obra, en esencia, presenta una versión humana de los evangelios que pone en duda la fe de muchos que ignoran que José Saramago, como artista de la palabra, lo único que quiso fue contar una historia que, aunque verosímil, el autor jamás afirmó que fuese verídica.

Fotos tomadas de Internet.

domingo, 11 de septiembre de 2011

ESTUDIANTES DEL COLEGIO MANUEL MARÍA TEJADA ROCA EN LA FERIA DEL LIBRO. AGOSTO DE 2011.

                                            En días recientes un grupo de estudiantes del Colegio
                                           Manuel María Tejada Roca visitó la Feria del Libro en
                                           la ciudad de Panamá.





                                       Los estudiantes compartieron con algunos escritores.


Cabe destacar que Carlos "Tito Afú" fungió como padrino del grupo y tuvo a su cargo el transporte, entrada y alimentación de este grupo de muchachos interesados por los libros y por la lectura.

jueves, 8 de septiembre de 2011

LA FUGITIVA DE SERGIO RAMÍREZ: TRES CAMINOS PARA UN RECUERDO

Melquiades Villarreal Castillo

Exhumar los pormenores de la vida de Amanda Solano es una faena complicada, una madeja que se desteje a través de una amalgama de realidad y de ficción.  Por ello, apreciado lector, te invito a compartir la primera lectura que hice sobre la novela La fugitiva del nicaragüense Sergio Ramírez (Premio Internacional de Novela Alfaguara con Margarita está linda la mar, 1998 y Premio Iberoamericano de Letras José Donoso por la obra de toda una vida, 2011).

         Sergio Ramírez, emplea una gama de recursos propios de la literatura clásica; así como Demódoco (Homero) se introducía en los versos de La Ilíada para obtener un trozo de pan o una copa de vino, Ramírez se inserta en el texto como acucioso investigador que persigue encontrar la verdad sobre la vida de la escritora costarricense Amanda Solano, muchos años después de haber sido condenada al olvido en una tumba cuasi anónima, a no ser porque está identificada con el número 729.

El narrador recurre a tres mujeres nonagenarias que conocieron a Amanda –quienes hablan sobre sus recuerdos casi fantasmales sobre la escritora—, convirtiéndose en oyente atento de las tres Sheherazadas, que con la complicidad del investigador entretienen y engañan al lector, Schariar incógnito, que se deja seducir por los tres relatos, coincidentes y disímiles en algunos aspectos, a través de un periplo por las trescientas diez páginas que, en alguna medida, nos rememoran Las mil y una noches, debido a las sorprendentes características de la vida de la escritora, pletóricas de sufrimientos y frustraciones, aunque con la complacencia de haber actuado de acuerdo con el genio de sus propias convicciones.

         Sergio Ramírez no esconde en ningún momento sus intenciones de ser un protagonista pasivo en la obra (el que investiga, escucha y escribe la vida de Amanda Solano); sino que desde las primeras páginas compromete al lector a ser cómplice del mundo del relato, de hecho tergiversado, porque son tres versiones subjetivas acerca de una misma historia.

Esto lo logra mediante un artificio sutil cuando conmina al lector a aceptar la realidad expresa: “En esos mismos tiempos apareció mister Mainor Cooper Keith, para unos un visionario para otros un pirata, escoja usted.” (RAMÍREZ. 2011. Pp.29).  La frase escoja  usted compromete al lector a aceptar la perspectiva, independientemente de la elección. A partir del momento en que el lector acata el compromiso, se torna en cómplice de una trama interesante, donde la ficción y la realidad pierden sus linderos para forjar una historia cautivante, una muestra clara de buena literatura en tiempos en que el facilismo y la complacencia se constituyen en leit motiv favorito de la mayor parte de los lectores.

         En la obra, pulula le denuncia sobre la realidad de todos los países en que se desarrolla la trama. De San José (Costa Rica) el narrador expone con un dejo de tristeza los negativos efectos de los cambios sociales experimentados en la época: “Ha cambiado todo, y esta ciudad me parece un infierno, no solo por la maldad, porque hasta prostitución  de niñas y niños hay, han salido reportajes horribles en el extranjero sobre el turismo sexual, personas viciosas que vienen en busca de placeres con menores; es que, además, todo el mundo anda atolondrado, y me parece que hay más gente de la que San José aguante.” (RAMÍREZ. 2011. Pág.34) A pesar de que este pasaje denuncia la realidad josefina, Ramírez no pierde oportunidad para denunciar la realidad de Nicaragua y del hombre nicaragüense, que tiene que escapar de la tierra que lo vio nacer para realizar un éxodo incierto en busca de oportunidades, teniendo muchas veces que, a la manera de los judíos, disfrazar su identidad, su esencia, el conjunto de elementos que lo hacen diferente, para comportarse como los habitantes de las tierras extrañas que le tocan habitar, desarrollando a plenitud la máxima de San Agustín: “Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos.” Aunque, en algunos casos la memoria histórica se pierde, se transmuta y se distorsiona en el nivel colectivo, al modo que le ocurre a uno de los personajes de Sergio Ramírez, quien, asombrada le cuenta al narrador: “Vea lo que es mi memoria, Me sirve para acordarme de esos nombres extranjeros, pero olvido los de mis nietos.” (RAMÍREZ. 2011. Pág.40)

Amanda Solano tiene una vida muy sufrida, pero al mismo tiempo muy rica en experiencias. Simplemente, es una persona muy interesante; es un personaje amado y odiado, según nos cuentan las tres mujeres que la conocieron y que, con sus relatos, nos ofrecen la oportunidad de conocerla. Las afirmaciones que se hacen de ella consolidan esta conclusión. Tenemos que Amanda Solano era una mujer incomprensible, porque desde niña se reveló a todo convencionalismo social que fuese empleado como máscara para esconder la realidad.  Por ello, sorprende, en su adolescencia a sus propias amigas con actitudes deplorables para los que estamos imbuidos en una moral nutrida en la hipocresía y las apariencias, pero que carece de todo sustento, una moral que censura todo lo que no se atreve a hacer, pero que le gustaría hacer: “Los sátiros son seres de la mitología, peludos y con patas de chivo, no como ese viejillo que ya hasta calvo se ha quedado.  Peludo o no peludo, ¿cómo se atreve a quererte tocar los pechos?, le dije, enfadada. Pues me los tocó, dijo ella. ¿Cómo así?, le dije yo. Lo dejé que me acercara las manos, que me palpara, que me los apretara un poquito. ¿Y por qué hiciste esa locura? Respondió ella, vieras con qué felicidad me miraba con su ojo bueno mientras mantenía las manos sobre mis pechos, y me dijo que era capaz de regalarme a María Antonieta, pero el problema es que no es suya…” (RAMÍREZ. 2011. Pág. 60.) Esta acción le granjeó al personaje la crítica de las amigas, quienes guardaron silencio cómplice cuando la chica fue violada por su padrastro a los catorce años, ante la negativa permanente de la madre de aceptar aquello como cierto, inclinándose por la verdad contada por el marido frente al sufrimiento producido por el vejamen contado por la hija.

         Amanda Solano tenía una virtud (entendida desde la óptica de la tercera acepción del Diccionario de la Real Academia Española: “fuerza, vigor o valor) que al mismo tiempo era su talón de Aquiles, puesto que: “Todos los hombres que se le acercaban se enamoraban irremediablemente de ella y era una tragedia constante, para ella, pobrecita.” (RAMÍREZ.  2011. Pág. 75)  Era una mujer irresistible, incluso para las mujeres, quienes no podían evitar enamorarse de ella. Es un personaje con una capacidad atractiva solo comparable a la de, Jean-Baptiste Grenouille, protagonista de la novela El perfume de Patrick Süskind, personaje que elabora un aroma con la esencia de veinticinco vírgenes inmoladas en el altar de su rencor, fragancia que lo hace irresistible para el resto del mundo a quien odia, por el hecho de que él carece de un olor propio. Amanda Solano, pareciera usar el perfume de Grenouille, aunque su realidad es muy diferente.

         Si llevamos al personaje al laboratorio del análisis, nos encontramos con que vivió una vida difícil, pero elegida por ella: “Amanda era de un talento maravilloso pero no sabía manejar su vida.  Tenía ese problema, las decisiones sentimentales que tomaba no eran los correctas.” (RAMÍREZ. 2011. Pág. 109) Tal vez hubiera sido feliz, quizás hubiera gozado una vida longeva, es probable que Costa Rica la reconociera como la escritora de gran calidad que ella sabía que era…, siempre y cuando se hubiera sacrificado en el santuario de lo convencional. No obstante, se identificó con el Partido Comunista, estigma suficiente para ser discriminada, no solo por ser mujer, sino por reconocerse con una ideología tan controversial en una sociedad moldeada en un barro antagónico. Sin embargo, el hecho de no saber manejar su vida, debemos percibirlo desde varias aristas.  Por un lado es posible que desde el punto de vista de los que nos hubiera gustado que gozara una vida feliz, Amanda haya tomado decisiones equivocadas; pero desde otra perspectiva, es factible pensar que –dentro del cosmos de sus cuitas– haya experimentado la inefable satisfacción de haber hecho lo que le daba la gana: No ocultó su identificación con los comunistas, aunque el hecho de ser comunista fuese una mácula con inevitables y dañinas consecuencias; y, en cuanto a sus decisiones sentimentales, nadie puede negar que se permitió el lujo de elegir a cada uno de sus amantes, a diferencia de la mujer (feliz – promedio) de su época que era elegida por el hombre. En cambio, Amanda: “Defendía su derecho a ser mujer, por sobre todo, y para ella esa condición se basaba en su sexualidad, que no tenía sentido sin el complemento masculino. Y parte esencial de su derecho de mujer era elegir a los hombres. Al hombre.” (RAMÍREZ, 2011. Pág. 164) Esta situación, lógicamente le causaba problemas: recibió críticas y censuras sociales de toda índole: “Que era liviana, que se le metía a los hombres casados, que destruía matrimonios por placer, que no le importaban las edades; en fin, en lugar de amor terminaba despertando odio. Yo hubiera querido yo la mitad de su belleza, pero, claro está, ni la cuarta parte de sus pesares.” (RAMÍREZ, 2011. Pág. 50) E
     El texto nos explica con transparencia meridiana la esencia de esta situación: “¿Cómo explicar el afán de Amanda por la figuración social? Era una chiquilla que buscaba liberarse de sus redes, y al mismo tiempo disfrutaba de quedarse atrapada en ellas.” (RAMÍREZ, 2011. Pág. 170)  En síntesis, dentro de sus sufrimientos, es innegable que fue una mujer realizada, hizo del mundo y en el mundo lo que ella quiso.

         Su muerte fue prematura y tal vez guarde relación con el tipo de vida que llevó. La mujer peligrosa y contradictoria, pasa ahora a ser inocua: “Pero ya muerta era otra cosa. Amanda muerta se volvió inofensiva, ya no podría transgredir ninguna regla, ni incomodar a nadie con sus amoríos y con sus opiniones. Por eso, se la podía repatriar sin riesgos.  Ya no hablaría más, ya no provocaría  a nadie, ya no se verían las esposas amenazadas por aquella coqueta infame, destructora de hogares, según la pintura que hicieron de ella sus detractores.” (RAMÍREZ 2011. Pág. 152)

         Sé que esta disquisición está contaminada por el exceso de citas y no me exculpo por ello.  Soy un convencido de que el oficio del crítico es promover la lectura,  ya sea como hábito tal y cual sostienen los entendidos, ya sea como vicio tal y como recomienda Sergio Ramírez.

La obra la adquirí el 28 de agosto pasado en la Feria del Libro en Panamá y, desde entonces, se ha iniciado una lista extensa que desea que le preste el ejemplar. En quince días, once personas se han interesado en estar al tanto de la vida de una mujer y han leído el texto completo, coincidiendo con el autor en el hecho de que: “La maldición de Amanda fue su genialidad, su poder de colocarse  por encima o más allá de lo ordinario, asomarse a abismos que para otros se hallan vedados, y no resistir el clamor de las voces que la llamaban desde esos abismos.” (RAMÍREZ 2011.)



FUENTE CONSULTADA: RAMÍREZ, Sergio. La Fugitiva. San José.: Editorial Santillana. 2011.

Peña Blanca de Las Tablas, 8 de septiembre de 2011.

miércoles, 31 de agosto de 2011

SERGIO RAMÍREZ:LOS SECRETOS DE LA LECTURA Y DE LA ESCRITURA

Melquiades Villarreal Castillo
Cuando llego al Colegio Manuel María Tejada Roca, me percato con tristeza de que los adolescentes de las escuelas secundarias pensaban lo mismo. Por ello, decidí poner a mis estudiantes en contacto con algunos escritores. Al colegio, llevé a Roberto Pérez-Franco, que en aquel tiempo frisaba los treinta años, situación que motivó la lectura, por lo menos de muchas jovencitas, que querían saber algo de él, para establecer nexos comunicativos.  Asimismo, invité a Rose Marie Tapia, quien entró en contacto con los muchachos, generando un cambio positivo en la manera de pensar.
Los muchachos se sorprenden también en una ocasión en la que invito a José Chen Barría, quien además de intentar como profesor contar una historia motivadora para la juventud estudiosa de las áreas marginales, tenía como adornos haber sido director de la Autoridad de la Región Interoceánica (Jefe del Canal de Panamá) y Contralor General de la República.  Aparte de ello, Chen Barría goza del reconocimiento de ser uno de los pocos ciudadanos que ha participado en la administración de la danza de millones que hay en Panamá, sin que amigos ni contrarios hayan podido achacarle la pérdida o desviación de un solo centavo. Goza del prestigio de ser un hombre honrado.
Enrique Jaramillo Levi aceptó asistir a la Universidad donde laboro e intentó llevar la institución que es (escritor, promotor, ensayista, poeta…); en fin, un hombre, del que yo he afirmado sin que nadie haya podido refutarme, que todos los que hemos aspirado a escribir algo, tenemos con él una deuda de gratitud.  Jaramillo Levi, también hizo docencia y, poco  a poco, el proceso de la lectura se ha ido promoviendo en mi región.
Vivimos en un mundo en el cual somos medidos por cuanto ostentamos; donde el conocimiento y la humanización, parecieran no tener mayor valor. Un mundo en el que la poesía, es cosa de mozalbetes estrafalarios, cuyo mundo gira en torno al desorden y la extravagancia, un mundo en el cual el libro pareciese sucumbir víctima de los adelantos informáticos.  No obstante, algunas vez le escuché decir a Mario Vargas Llosa que el libro no morirá, sino que, por el contrario, continuará existiendo, pues quien tiene un libro aprende a amarlo, a obtener el placer de acariciar sus páginas; de quién lo escribe, oí comentar a Erasto Espino, que descubre el placer fálico de la pluma al romper con el semen de las ideas, la virginidad del papel en blanco.
Lo cierto es que si los escritores, se pusieran más en contacto con sus lectores, habría más lectura, por ende, más escritura.
Un caso que me resulta curioso es el del nicaragüense Sergio Ramírez, quien en sus artículos, todos teñidos con el matiz de la docencia, promueve la lectura y el conocimiento de los temas más diversos y, ¿por qué no inverosímiles? que afectan a nuestra América. Ramírez se pone en contacto con lectores en ciernes a través de las redes sociales, responde comentarios e inquietudes: en fin demuestra que es una persona viva, con ideas, virtudes y defectos, diferente a la imagen del escritor que se enseña en las clases de literatura, sinónimos de obituarios intrascendentes.
            El nicaragüense está claro que para que haya escritura, tiene que haber lectura.  Por ello, promueve lecturas, generando que personajes ficcionales cobren vida, tal y cual es el caso de Amanda Solano que se ha convertido en un personaje tan real como Don Quijote y Sancho Panza, a pesar de que no es de carne y hueso, aunque rememore a una poetisa costarricense.
            En síntesis,  a mi juicio, de alguna manera, Sergio Ramírez enseña que la escritura y lectura están unidas por un secreto común: quien escribe lee, quien lee necesita escribir.
Las Tablas, 18 d agosto de 2011.

domingo, 31 de julio de 2011

GUSTAVO BATISTA CEDEÑO: UN POETA CON DESEOS, NUNCA REALIDADES

Melquiades Villarreal Castillo
            Preludio
En un mundo con economía global, pareciera que el incentivo por el hombre y las cosas humanas se sacrificara para favorecer intereses monetarios. Se han desdeñado las concepciones teocéntricas y antropocéntricas que reinaron por siglos para imponer el propósito económico como norte de la existencia… En nuestro siglo, cobra vigencia plena la máxima latina homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre). Sin embargo, los que todavía creemos en el ser humano como ente rector del orbe, no podemos obviar elementos trascendentales como la poesía, pues es uno de los pocos artificios que posee para convertirse en un pequeño dios, un creador, al decir de Vicente Hiudobro.
            Por ello, emprendo esta tarea, en la cual se plasma, en pocas cuartillas, el anhelo del poeta Gustavo Batista Cedeño por dejar, para las generaciones venideras, la belleza que pudo captar en su mundo, ya que su existencia, aunque fugaz, fue plena, pues trató, en cada instante, asir para la perennidad la más mínima expresión que para él siempre fue poética:
“Para el cansado viandante, la charca en la mitad del camino es un obstáculo, sin embargo para el niño que aprisiona entre sus manos un barquichuelo de papel, la misma charca es el océano anhelado donde su barca habrá de navegar.”[1]
            En este pensamiento, es factible advertir, de manera cristalina, una evocación profunda, la cual comienza por preponderar la creatividad pueril, producto de la inocencia, frente a la incapacidad del adulto para apreciar la belleza: ineptitud generada por la copiosa escala de dificultades que confrontan los mayores, quienes, en la mayor parte de las situaciones, deben resignarse con un egocentrismo pernicioso, génesis de una miopía espiritual que les impide ir más allá de sus propias narices.
            Vida
            La vida del bardo Batista fue lacónica.  Nace en Las Tablas el 31 de mayo de 1962 y muere el 3 de julio de 1991 en la ciudad de Panamá.  Sus estudios primarios los realiza en la Escuela de Peña Blanca (corregimiento de Las Tablas), que hoy lleva su nombre.  En el Colegio Manuel María Tejada Roca de la ciudad de Las Tablas obtiene el título de Bachiller en Ciencias.  Luego, en la Universidad de Panamá, obtiene los títulos de Licenciado y Profesor con especialidad en Geografía e Historia. Empero, la vida de Batista no se encaminó por los trillos señalados por su profesión, sino que se dirigió por la senda del mágico itinerario del verso. Formó parte del primer taller de poesía de Pedro Correa Vásquez (1955-1996), a quien siempre llamó su maestro. 
            En poesía, Batista nos legó tres obras: Deseos, nunca realidades (1981),  Áncora y otros poemas (1991) y Si me fuera posible vivir (póstumas las dos últimas). En sus meses postreros, incursionó en el plano de la crítica literaria, con más o  menos una veintena de artículos que aparecieron en la sección Asteriscos del diario La Prensa entre 1990 y 1991.
            La poética de Batista
            Sin lugar a dudas, la poesía es el medio que le permite a nuestro poeta alcanzar un sitial dentro de la literatura panameña.  Veamos, por separado cada uno de sus poemarios, con el fin de formarnos una idea precisa de su calidad literaria:

            Deseos, nunca realidades
            Este es el título de un poemario que le permitió al autor obtener el Premio Universidad de Panamá en 1981.  Es una obra hermética para quien desconoce el cerco de la realidad del poeta, en el cual se refleja la cosmovisión adolescente del lírico, quien no atina a otorgar a la palabra el campo semántico que el lector común desea.  Este libro también se convierte en el armazón que sostiene la producción posterior del vate. Esto es fácil de corroborar en el poema número 7 que emplearemos como paradigma para sustentar nuestra panorámica sobre su poética. Uno de sus versos lega su rúbrica al poemario:
“La tarde es de vagas ondas
cuando lejos se proyecta la mañana.

Silbaron los pensamientos
y tierras y aguas desquiciaron
la envoltura del tiempo caprichoso.

Subí en la luz de blancas imaginaciones
y el universo secreto
fue sombra:
deseos, nunca realidades.

Ya no son los torbellinos de los mares;
suelen ser las almas enjugadas
las siluetas de la tarde
y, a veces, solo a veces,
las huellas que circundan
he aquí las remembranzas.”[2]

            El texto, dentro de la relación espacio-temporal en que fue escrito, resulta enmarañado.  Solo es posible decodificarlo ahora que ha transcurrido el tiempo y que podemos advertir su tono autobiográfico que se reviste de una trascendencia esencial, cuando el poeta se vuelve vate, porque vaticina su existencia.  Su vida fue caótica, como los dos primeros versos del poema; el último verso del segundo segmento textual resume su realidad: Tuvo deseos, nunca pudo concretar realidades: deseó ejercer su profesión, no pudo; anheló una existencia longeva, vivió una vida efímera; deseó un mundo mejor, respiró el aire viciado por la inseguridad de una dictadura en sus años de plenitud.
            La anarquía y la desesperación son los soportes de este poemario. El embrollo impera.  En el primer haz de versos, la desesperación no puede ser más evidente: El hablante balbucea exiguamente una realidad áspera e inquebrantable, revelando una incapacidad desoladora para lograr la felicidad.  Por ello: “La tarde es de vagas ondas/ cuando lejos se proyecta la mañana.” La oscuridad, como símbolo, se manifiesta en toda su magnitud, pues entre la tarde y la mañana, solo existe la noche que se vislumbra eterna desde esta perspectiva.  Al analizar la estructura posicional y la equivalencia semántica de la segunda gavilla de versos, advertimos una realidad abrumadora:
Sujeto
Verbo
Objeto directo
Complementos circunstanciales
Los pensamientos
silbaron


Tierra y aguas
desquiciaron
la envoltura del tiempo caprichoso

(yo)
subí

en la luz de blancas imaginaciones
El universo
fue
la sombra: deseos, nunca realidades

            Es fácil observar una escala valorativa de los sujetos: los pensamientos aluden, de forma límpida, a la filosofía cartesiana: se piensa, luego se existe.  La tierra y las aguas son una insinuación directa al Génesis, cuando solo habían sido creados estos dos elementos fundamentales.  No obstante, de este sujeto se dice que desquiciaron la envoltura del tiempo caprichoso. Enloquecer, dentro de este contexto, tiene una significación muy singular, puesto que lo trastornado es la envoltura del tiempo caprichoso y no la médula temporal que, además, está aderezada con el adjetivo caprichoso para connotar la extravagancia de la eternidad.  La gradación de los sujetos, después de la insinuación al Génesis evoluciona hasta llegar al yo.            Por esta circunstancia y, ante el caos prístino, el yo sube en la luz de blancas imaginaciones  engendrando una imagen seductora, porque el yo, es decir el hombre, como individuo no piensa en el cosmos de manera universal, sino que percibe el mundo desde una cosmovisión disminuida por la egolatría.  Es forzoso advertir el contraste existente entre el segundo segmento textual por la presencia de la luz, la cual no aparece en el primero. La luz de blancas imaginaciones es una figuración de la cual se vale el hablante para encarnar la candidez, puesto que, de acuerdo con nuestro código cultural de interpretación cromática, el blanco  representa la pureza.
            Retomando el contraste, podemos argumentar que el antagonismo entre caos y esperanza se da en la función de la bifurcación conceptual del mundo: la realidad es caótica; la imaginación, esperanzadora.    Así, pues, al despertar el yo lírico de su ensueño, se encuentra con una realidad más cruel, pues al conmutar el sujeto yo por el universo, se retorna a la visión totalitaria de su mundo y, valiéndose de los dos puntos, nos sugiere la definición cósmica de esta suerte: es sombra: es deseo y nunca realidades.
            Esta perspectiva implica una percepción metafísica de la existencia: el hombre puede alcanzar la felicidad, la libertad siempre anhelada, la cual es producto de la aceptación de la condición de soledad en que cada uno de nosotros vive inmerso.  Dicho de otra manera, no importa cuál sea la realidad en la que se viva, siempre y cuando seamos capaces de aceptar el mundo y su esencia, con sus virtudes y con sus defectos.
            Áncora y otros poemas
            Así se titula la segunda obra de Gustavo Batista.  De la misma, Pedro Correa Vásquez se refiere en la forma siguiente:
  “Áncora es un poemario que es una despedida.  Sin exagerar, creo que estamos en presencia de uno de los libros más desgarradores y hermosamente tristes de nuestra literatura.  Es “el gran libro” de Gustavo Batista Cedeño.  Su universalidad roza los destinos de todos nosotros y nos hace meditar sobre la estoica facultad del autor, quien tenía la suficiente valentía como para hablar de lo más grave de la manera más bella.”[3]
            Este dictamen de Correa es muy sugestivo. Sin embargo, cuando uno lee el poemario, se encuentra con una amplia variedad de matices que contagian al lector un mundo rico en imágenes, en una especie de idilio quimérico con las palabras, a las cuales, en la intimidad del mundo del hablante, se les extrae lo más íntimo de su significación para reproducir y recrear la belleza de un universo inmaculado, concebido desde una posibilidad espiritual que marcha al compás de un ritmo solemne.
            El poema 1 del libro es una introducción que, en tres versos, demuestra que el poeta es consciente de la presencia de la muerte:

“Te hablo de cosas desconocidas
y de voces que preparan
un relato ya aprendido.”[4]
            El hablante se refiere al interlocutor de una manera coloquial, con una sabiduría que –hermosamente– se refleja con una increíble parsimonia léxica.  Habla de cosas desconocidas que a  la vez son un relato ya aprendido.  Todos los seres humanos confrontamos la verdad proclamada en estos versos. Es suficiente recordar la lección de la clase de ciencias de la escuela primaria en la cual se define a los seres vivos como: “los que nacen, crecen, se reproducen y mueren.” He allí el relato aprendido que, aunque la mayoría lo conocemos, cuando el mismo describe nuestra propia realidad, lo percibimos como cosa desconocida.  Si el poema 1 es la introducción del relato ya aprendido, el poema 8 es la conclusión, lo cual nos motiva a elegirlo como paradigma para nuestro análisis:
“Quiero escribir un poema
allí en el aire
donde no son ajenas las palabras
y donde el silencio es para todos
un verso que calcina lo imposible.

Quiero herir las circunstancias
que hicieron de mi barro
otro hombre sin aliento

para recordarme
que siempre estuve en los escritos
que hablaron de un sol
sumergido en las barcazas.
¡Soy el mismo!
junto al comienzo y junto al término
de todo lo posible,

Voy descubriendo que soy uno en todos
y que estoy aquí
porque es el momento de ahorrar
las palabras:

Es tiempo de tomar las horas
como se toman los frutos caídos.”[5]
            Esta composición poética aprisiona un mundo: el mundo de la limitación del hombre frente a la realidad adversa, en la cual solo la poesía y el sueño le producen la ventura ansiada.  El primer manojo  de versos, introducido por la  forma verbal quiero  insinúa la imposibilidad para escribir un poema en el aire.  El hablante no oculta esta realidad cuando manifiesta que su deseo se debe al interés de emplear el silencio que calcina  lo imposible.
            El fragmento que sigue hace referencia a la sustancia bíblica del hombre: “polvo eres y al polvo volverás.” Sin embargo, desde una óptica material el hombre no muere, porque “la materia ni se crea ni destruye, se transforma.”  Esta realidad se patentiza, pues el hablante sabe que su cuerpo (su barro), con el paso del tiempo  formará parte de otros cuerpos; pero también conoce que, a través de sus versos esperanzadores (quizás su alma) será recordado como un ser individual.
            Es ante la presencia de la muerte que el hombre logra romper todas las limitantes que lo reducen a la nada.  El poema sintetiza la concepción de la poesía de Batista, la cual propugna por desmaterializar todo, de manera que el hombre viva en su más íntima esencia, libre de toda atadura corporal. Es en este punto en el que el hablante desdobla lo más intrínseco de su elucubración para alcanzar la soñada universalidad que logra a través del alma y no del cuerpo; por ello, en la creación del mundo ideal al que Batista ha cantado en toda su producción poética, está libre de las palabras que, en esencia, solo sirven para representar cosas materiales.  Los conceptos están allí, en ese cosmos ideal, y solo hay que desprenderse de la materia para asirlos en toda su extensión sin la necesidad de emplear las palabras para ello.
            Los dos versos finales del poema son, en apariencia, impenetrables: “es tiempo de tomar las horas/ como se toman los frutos caídos”; sin embargo, simbolizan el logro de la eternidad, que tan solo se alcanza con la muerte, paso obligado hacia lo infinito.  El símil, en esencia, es profundamente embelesador: las horas que se tornan como frutos caídos, representan la relación de equidad ente lo restringido del tiempo en función de la perennidad  de un alma que es inmortal, por lo tanto eterna.
            Los niveles de lengua juegan un papel muy importante en este texto.  En el plano léxico semántico, se advierte la colosal frugalidad de las palabras que contrastan, de manera casi hiperbólica, con la amplitud de su campo semántico. La morfosintaxis actúa como ente catalizador, entre los significantes y los significados, convirtiendo el texto en una arenga a través de la cual, el hablante, sin dejar lugar para ninguna pesquisa, dice lo que quiere y plantea la realidad a su modo, de manera que al interlocutor no lo queda más remedio que aceptarla o tal vez rechazarla, tal y como se admite o refuta una proposición de tenor divino.
            Si me fuera posible vivir
            Este poemario se compone de cuarenta poemas ordenados en secuencia cronológica, respetando la disposición de los versos tal y cual fueron fechados por el autor.    En la obra se observan dos claros hilos temáticos.  Por un lado está el temor a la Muerte que el poeta sabía cercana cuando él tanto ansiaba vivir:
“Si me fuera posible vivir
esa vida no vivida
que son todos los sueños
que me faltan.” [6]

            Es evidente el anhelo frustrado; todavía en ese momento, sin embargo, en la agonía transparente del final contiguo, el héroe lírico busca una conformidad que no logra cristalizar:
“Estoy triste
pero sé que solo así
se está muy cerca de la vida.”[7]

            Los versos resultan conmovedores, pues al conocer su situación, cuando todo finiquita, es cuando el hombre aprende a valorar su vida, cuando pretende soñar los sueños no soñados. A la par de estos versos melancólicos, no obstante, la voz del yo poético se abre paso, fuerte y vencedora, para no lamentar más su suerte, sino, por el contrario, demostrar la esperanza en el nuevo amanecer que sabemos que anidaba en el espíritu cristiano de Gustavo:
“Volveremos a vivir
para morar dentro de aquellos que hoy sueñan
con la mínima esperanza.”[8]
            La esperanza de una nueva vida, aludida anteriormente, contempla situaciones insospechadas, por lo que el héroe poético se vale de un intrincado juego de palabras para demostrarnos situaciones inasibles:
“cruje la memoria y la noche pone estrellas en los ojos
estamos cercados y todo sueño es melodía
y estamos aquí y también en lo lejano
porque vivimos para sostenernos.”
            El último poema de Si me fuera posible vivir, tal vez el último texto del autor, a mi juicio resulta inquietante:
“Deja que el ruiseñor
cante entre las ramas
de cualquier árbol
deja que cante
aunque las ramas hayan
perdido su follaje.
¡En un entorno
de despojos
la verdadera canción entonará.”[9]
            Resulta diáfano que este poema fue concebido en un momento de paroxismo, cuando ya la mente humana pierde la noción de la existencia, cuando da igual vivir que morir. No obstante, resulta misterioso el símbolo utilizado: ¿por qué el ruiseñor? ¿por el color oscuro y apagado de su plumaje que puede significar la muerte, o por el canto melodioso y variado, que aún –en los últimos versos– evidencia al poeta. Los versos finales confirman nuestra apreciación: “En un entorno/ de despojos/ la verdadera canción entonará”, con lo cual, posiblemente el yo poético demuestra su conocimiento cabal acerca de lo que es la muerte: el principio de una nueva vida.
            Crítica literaria
            Además de su obra poética, Batista incursionó en el plano de la crítica literaria, donde su temática va a oscilar en torno a tópicos diferentes.  Por ejemplo, corrobora a través del análisis de un texto de la poetisa argentina Alejandra Pizarnick, la inutilidad de las palabras que, en esencia, son solo palabras y nada más:
“las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua
¿beberé?
si digo pan
¿comeré? (…)
¿de dónde viene esa conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible?[10]
            El interés por los estudios semióticos, se manifiesta en Gustavo Batista, en su ensayo El símbolo: privilegio al crear en el cual el poeta tiene una visión diferente del mundo en relación con la perspectiva que tenemos el común de las personas.  Es decir, busca en cada detalle una elucidación que está más allá de lo que el hombre común advierte, pues sabe que basándose en estos hechos puede desplegar con mayor destreza su condición de poeta:
“En un árbol deshojado vemos el reflejo de nuestras vidas cuando rayan en la decrepitud y en el cielo lleno de nubarrones entrevemos las épocas lóbregas de los hombres.  El agua es signo de vida y el juego lo es de la pasión.  El laurel nos sugiere paz y una rosa roja, rojísima, nos recuerda el amor.”[11]
            Sin embargo, a juicio nuestro, en este ámbito lo mejor logrado por Batista es su visión acerca del escritor en Panamá que no es más que la imagen que el poeta percibe de sí mismo:
“¿Acaso en Panamá no es más fácil para una yegua o potranca, mostrar sus nombres y cualidades de hipódromo en un librito que se publica todas las semanas y por el cual se pagan escasos reales, a que un joven poeta logre mostrar lo que escribe?¡Quisiera Dios que tuviésemos la oportunidad de tener un folletito como ese en el cual garabatear nuestros versos!”[12]
            La estructura morfosintáctica del texto ensayístico está delimitada por una interrogación y una invocación. La interrogación se dispone mediante una comparación a través de la cual se equipara, la ventajosa realidad de las bestias del hipódromo, en relación con la desfavorable situación de los poetas jóvenes. Las bestias del hipódromo tienen en qué publicar sus facultades equinas, los poetas carecen de un medio para dar a conocer su poesía. La invocación de Batista no puede ser más suplicante: pide a Dios que les dé a los jóvenes poetas la suerte de los caballos, mediante un folletito en el cual puedan escribir sus versos.
            En el nivel léxico-semántico, advertimos que los verbos, cuando se refieren a las bestias, están dotados de una gran fuerza expresiva: mostrar, publicar, pagan; en cambio, cuando se refiere a los poetas, los verbos se emplean en modo subjuntivo para atestiguar la degradación: tuviésemos…      El plano lógico es más drástico, puesto que el ensayo de Batista es una reproducción, un intertexto ampliado si se quiere del viaje de Gulliver al país de los houyhnhnms (caballos), en el cual los caballos viven y se comportan como los seres humanos (yahoos), quienes se comportan y viven como bestias.
            Su exploración en el campo del ensayo histórico
            Gustavo Batista fue un hombre polifacético que también dedicó al cultivo del ensayo histórico, por lo que publica en 1990 una historia regional bajo el título de Peña Blanca: su historia, su gente y la festividad de San Antonio de Padua, obra sobre el cual el reconocido historiador Dr. Alberto Osorio Osorio dijo que es “… una obra que debe enorgullecer a cuantos aprecian las raíces ancestrales de la comarca tableña.” [13] De ese mismo texto, el Arzobispo Emérito de Panamá, Mons. José Dimas Cedeño afirma:
  “Me consta que no ha sido fácil investigar con precisión las realidades de nuestro pasado, que ha sido necesaria una gran dosis de paciencia para interrogar a nuestros abuelos, ya carentes de memoria por el peso de los años… Motivo de mucha tranquilidad para el lector, es el hecho de que se han consultado los archivos parroquiales de Las Tablas, a través de legajos que datan del siglo XVIII (…) Asimismo, muchas otras fuentes hisstóricas, de los hechos que nos interesan. Por el hecho de haber nacido en el corregimiento de Peña Blanca, siento una especial satisfacción al ver que, al fin personas estudiosas y amantes de lo nuestro se han dado a la tarea de recoger información y consignar por escrito lo que todos hemos escuchado de boca de nuestros antepasados.”[14]
            El texto se remonta al año 1713 cuando el presbítero Domingo Sánchez Iradi, por mandato del entonces Obispo de Panamá, don Francisco de los Ríos y Armengol realiza un padrón eclesiástico. En esta época, el poblado de Peña Blanca contaba con 25 casas y 118 habitantes, afirmación documentada por un facsímil traído por Alberto Osorio del Archivo General de Indias.
            El leit motiv de este intento de historia regional data de la acción asumida por Fray Eduardo Vásquez, a la postre Obispo de Panamá, a mediados del siglo pasado, quien, influido por las críticas de los liberales (pues como consecuencia de sus pugnas con los conservadores que se burlaban del culto a las imágenes que defendían los últimos) mandó a botar todas las imágenes contrahechas de los santos, que estaban en los diferentes altares.  En la Iglesia de Santa Librada de Las Tablas, una de las figuras más imperfectas, sin lugar a dudas, fue la de San Antonio de Padua, la cual fue mandada a botar de la parroquia y, posteriormente encontrada por la señora Biviana Domínguez (aproximadamente en el año de 1858) quien inicia una tradición y devoción a San Antonio de Padua que ha llegado hasta nuestros días, a la cual asisten anualmente miles de devotos, por lo que:
“Cabe pensar, pues, que este hallazgo es el acontecimiento que marca un momento significativo en la consolidación de una comunidad cristiana que, en torno a la veneración de una imagen y a través de ella, procura proyectar y realizar un sinnúmero de ideales y fuerzas inherentes en cada uno de sus miembros.”[15]
            Para finalizar, queremos anotar que los ensayos de Batista también se encaminaron por el campo docente, por la preocupación permanente que produjo en él, el hecho de advertir el carácter destructivo del santeño contra su hábitat natural.  Por ello, hace un llamado a la conciencia del hombre santeño para que reflexione sobre el futuro de las generaciones que están por venir:
       “Llegará el momento en que les mostraremos la naturaleza a nuestros hijos, precisamente frente a las vitrinas de los museos.  Compungidos les diremos: ésta es una iguana, aquel un ruiseñor y esto que ves acá embalsamado, como una momia, es un mono.”[16]
            Exposición concluyente
            Una vez que hemos navegado por la producción intelectual de Gustavo Batista Cedeño, se ha llegado a las siguientes inferencias:
-      La vida de Gustavo Batista Cedeño,  pesar de que solo duró veintinueve años, es un ejemplo para los panameños en cuanto a la preocupación del hombre por las cosas humanas y de convivencia con lo más íntimo de la naturaleza.
-      Gustavo Batista tiene una poesía imbuida en un profundo lirismo, pletórica de interesantes imágenes que, muchas veces, nos dan la impresión de una concepción ideoestética cimentada en el misterio de la palabra.
-      Batista prometía mucho como crítico literario, tal como advierte en sus trabajos publicados en el Diario la Prensa; sin embargo, la muerte lo sorprende antes de llegar al cenit de su labor crítica.
-      Como poeta, Gustavo nos dejó su poesía, como modelo de belleza y de creación; como ensayista, nos legó su ideario sobre la vida; y, con su vida, nos regaló un arquetipo de probidad y dedicación que merece ser imitado por una juventud que cada vez pareciera interesarse menos por conocer su propia realidad.
Peña Blanca de Las Tablas, 3 de julio de 2011.









BIBLIOGRAFÍA.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo y Melquiades Villarreal Castillo.  Peña Blanca: su historia, su gente y la festividad de San Antonio de Padua. Panamá: Taller Senda. 1990. Pág. 47.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 Aleccionadora y Terca Realidad.  Panamá: Diario La Prensa. 3 de marzo de 1990.  Pág. 2B.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 Áncora y otros poemas. Panamá: Impresora de la Nación. 1992. Pág. 16.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 Si me fuera posible vivir. Panamá. Universal Books. 2002.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 Alejandra Pizarnick: un silencio necesario. Panamá: La Prensa. 31 de marzo de 1990. Pág. 2B.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 Cerro Canajagua: último refugio de la vida silvestre en Panamá.  Panamá: La Prensa. 15 de abril de 1990. Pág. 2B.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 Deseos, Nunca Realidades. Panamá: Imprenta Universitaria. 1985.
BATISTA CEDEÑO, Gustavo.                 El símbolo: privilegio al crear.  Panamá: La Prensa. 9 de junio de 1990.  Pág. 2B.
CEDEÑO DELGADO, José Dimas.          Prólogo a la obra: Peña Blanca: su historia, su gente y la festividad de San Antonio de Padua. Panamá: Taller Senda. 1990. Págs. 9-10.
CORREA VÁSQUEZ, Pedro.                   Presencia de Gustavo Batista Cedeño. En Gustavo Batista Cedeño. Áncora y otros poemas. Panamá: Impresora de la Nación. 1992.






[1] BATISTA CEDEÑO, Gustavo.  Aleccionadora y Terca Realidad.  Panamá: Diario La Prensa. 3 de marzo de 1990.  Pág. 2B.
[2][2] BATISTA CEDEÑO, Gustavo. Deseos, Nunca Realidades. Panamá: Imprenta Universitaria. 1985. Pág. 13.
[3] CORREA VÁSQUEZ, Pedro. Presencia de Gustavo Batista Cedeño. En Gustavo Batista Cedeño. Áncora y otros poemas. Panamá: Impresora de la Nación. 1992. Pág. 16.
[4] BATISTA CEDEÑO, Gustavo.  Áncora y otros poemas. Panamá: Impresora de la Nación. 1992. Pág. 29.

[5] Ibid. Pág. 58.
[6] BATISTA CEDEÑO, Gustavo. Si me fuera posible vivir. Panamá. Universal Books. 2002. Pág. 17
[7] Idem.
[8] Ibid., pág. 45
[9][9] Ibid. Pág. 56.
[10]  BATISTA CEDEÑO, Gustavo. Alejandra Pizarnick: un silencio necesario. Panamá: La Prensa. 31 de marzo de 1990. Pág. 2B.
[11] BATISTA CEDEÑO, Gustavo. El símbolo: privilegio al crear.  Panamá: La Prensa. 9 de junio de 1990.  Pág. 2B.
[12] BATISTA CEDEÑO, Gustavo. Joven poesía panameña: entre el clavel y la espada.  Panamá: La Prensa, 30 de junio de 1990.
[13] OSORIO OSORIO, Alberto.  Gustavo Batista en el recuerdo. En Áncora y otros poemas… Pág. 7.
[14]  Mons.  José Dimas Cedeño D. Prólogo a la obra: Peña Blanca: su historia, su gente y la festividad de San Antonio de Padua. Panamá: Taller Senda. 1990. Págs. 9-10.
[15] BATISTA CEDEÑO, Gustavo y Melquiades Villarreal Castillo.  Peña Blanca: su historia, su gente y la festividad de San Antonio de Padua. Panamá: Taller Senda. 1990. Pág. 47.
[16] BATISTA CEDEÑO, Gustavo. Cerro Canajagua: último refugio de la vida silvestre en Panamá.  Panamá: La Prensa. 15 de abril de 1990. Pág. 2B.
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