Melquiades Villarreal Castillo
Cada año, observo con la sorpresa de la costumbre cotidiana los detalles propios de la celebración de la Semana
Santa. Existe una tradición impuesta por una Iglesia medieval que nos conduce de manera automática a recordar la pasión y muerte de Jesucristo. Sin embargo, fieles a lo cosuetudinario, siempre nos ponemos del lado de quienes cometieron la terrible injusticia de acusar, condenar y ajusticiar a un hombre, cuyo único pecado fue llamarse hijo de Dios y de promover la paz en una sociedad carcomida por la corrupción.

Caminamos en procesiones, repetimos cada detalle de aquel acto deleznable; no obstante, no meditamos sobre lo injusto que fue el juicio de Cristo, el cual se desarrolló en unas pocas horas, la acusación fue cambiada, se le impuso el castigo de la flagelación, de manera humillante se le obligó a cargar su propia cruz, se le crucificó, se rifaron sus ropas... Sí, sus ropas. Hoy se le coloca un trapo para cubrir sus partes, una especie de velo que, a mi juicio, acalla nuestras conciencias.


Me gusta esta publicacion. Durante años sufrì a Cristo en la cruz hoy despues de unas pascuas de resurrecion en las que mi espiritu resucitó AMO a Mi SEÑOR RESUCITADO...
ResponderEliminarHoy regalo al Cristo que me abrio las puertas del cielo.
Retiro de Pascuas de "Movimiento de la palabra de Dios"