viernes, 26 de enero de 2018

VIENDO PASAR MI VIDA

VIENDO PASAR MI VIDA

Melquiades Villarreal Castillo

(VILLARREAL CASTILLO, Melquiades.  Viendo pasar mi vida. Chitré, 2018)

ISBN 978-9962-12-680-5
Esperanzas

Mi vida
paladea
esperanzas

la muerte
bosteza noches
con aroma de agua

mi destino
diluye cenizas
odios y locura

el silencio
ensancha
las sombras
de los cautivos.

Triunfo

Mis huesos
triunfan
sobre el fuego

mi piel luce
el enigma
del agua

con mi sudor
el crepúsculo
canta plegarias
al abandono

mi ímpetu
se eleva
al amanecer
quebrando 
canciones
de árboles
caídos.
El silencio

El silencio
me perturba
con la redondez
de los recuerdos

los espejismos
me acorralan
en un costal
de navegante

mi vida
es una flor
gimiendo
en el desierto

entre incendios
y despojos
consume
sus esperanzas.


Vivo la verdad
de luces gélidas
como hielo
de colores

del aire
brotan mariposas
con expresión ausente

el sol amarillea
en mis campos

la brisa roba flores
a los cementerios

mis huesos crujen
con la soledad azul

en la distancia
náufragos taciturnos
sueñan otras realidades
entre chispas de fuego.

Confusión

Un trueno
confunde
mis sueños

el viento
devora sus gritos
sobre ladrillos
que huelen ruinas

callo

los silbidos
de la muerte
tienden sus brazos
al despertar.

Ojos cubiertos

Escupo la adversidad
barro cocido
entre el follaje
con ojos cubiertos
por la fortuna

entre sombras rosadas
el río de la existencia
se desliza como serpiente

la selva devora
mis esperanzas

el humo cae
sobre mi rostro
máscara surcada
por mil arrugas.


Aromas de fuego

Mis noches respiran
brazas ardientes
y aromas de fuego

hombres infectados
por sus desgracias
añoran el tormento
cuando caminan
hacia el fuego eterno.

Murmullos

Escucho el murmullo
de los sarcasmos
extendiendo
sus alas
por temor
a la realidad.

Perdido en la selva

Me perdí en una selva
llena de mosquitos

bajo nubes grises
hormiguean las palabras

cual hojas secas
ocultan mi barro
con sueños diferentes
pero igual destino:
escapar de la eternidad.

Pesadillas

Mis pesadillas
se arrastran
como fieras
hacia el sol

distraen sus zarpas
agarrando el viento

sus pupilas se deleitan
viendo pasar mi vida

la bóveda verde
cubierta de mal olor
es indiferente
a la queja
de una presa
perseguida
por las garras
del hambre.

El brillo de las estrellas         

Te contaré
una historia:

las estrellas
brillan después
de su tiempo
enquistadas
en un viaje
de horror
impasible

rompen 
la noche
en fuga
sin tregua
sin vacío
sin luna
ni destino.


Figuras macilentas

Me asustan
las figuras
macilentas

culebrean
llenas de escamas
de tiempo
y de salitre

el mediodía
espeja la fealdad
de mi sombra
quemando
mis pupilas.

Tragando polvos

En mis recuerdos
aúlla la sed
tragando polvos
nauseabundos

camino hacia
un pueblo habitado
por fantasmas
de carne y hueso
—rostros oscuros—
turbados por la tarde

naranjos
sucios de barro
muerden la distancia
en mi memoria.

Construyo un barco

Con un trozo de papel
—violado por las palabras—
construyo un barco
para eludir mi hastío

me miro
en el espejo de las aguas

apesta a fango
hervido por el sol

fracaso en mi intento
de olvidar mi realidad.


Sol sofocante

Mi alma
—estuche vacío de confianza—
flota en oleajes candentes
bajo el sol sofocante

mi voz pausada
como plaza de pueblo
esclarece verdades
cantando heridas
hartas de ofensas

las muertes iracundas
tiemblan cual fantasmas
abatidos por las tinieblas.


Olvidé mi nombre

Entre rostros
bañados de sudor
olvidé mi nombre

mis desvaríos
se encienden
cual siluetas
a contraluz

mudo de piel
como la víbora
oculta en su nido

soy mezcla
de gritos
de aire pegajoso
insensible a mi fetidez


soy la uña
que incomoda
la vieja cicatriz

el viento que
penetra ventanas
entre cintas de roca.

Olvidos intoxicados

auguran olvidos
intoxicados
de esperanza

le recuerdan
a mi voz
una sombra
matizada de luz
en el desierto
embrujado
por la añoranza

desde el fondo
de la muerte
penachos de tierra
tosen y escupen
la mañana.


Penumbras de colores

Mis labios
perdonan el silencio
mueca de tus temores

mis ojos
escrutan penumbras
entre los colores
de las estrellas

el destino
me persigue
dibujando palabras
en el aire

soy algo más
que un nombre

aflicción en el desierto

en medio de la noche
siento temor
a los rostros de piedra
al vendaval y al placer

me desespera la ausencia
de las muertes ajenas
vengadas por un espejo
al reflejar tus sollozos.

Frío y sombras

Mi vida sabe a desilusión
a frío y a sombras
a peligros y adversidad

huele a piedras
a confesiones y castigos
que roen el corazón

el tañido de la campana
me devuelve la seguridad
en la perpetua promesa

con rapidez olvido
la imagen de desastre

las llamas de la fe
bajan del cielo
iluminando mi noche
abriendo las puertas
de mi destino en rebeldía
a mi añoranza de mundo.


Los demonios de mis pensamientos

En mi interior
todo es frío

los demonios
de mis pensamientos
me ahogan
inyectándome
veneno
tormentos
y errores

abrumado
quise hablar

las palabras flotan
como campanadas

indultan o condenan


mi rostro
se demacra
como el sol
que marchita
las mañanas

mi estómago
es la casa
del frío
del tormento
y de los engaños
metálicos
de las campanas.

Convivir con mis dudas

Temo
enfrentarme
a mí mismo
y convivir
con mis dudas

soy un juguete
irresponsable
torpe e infeliz

al escapar
de la fugacidad
de las palabras
me sumerjo                                                                                                        
en lo ignoto
y practico
el oficio
de llorar. 

La noche no descansa

Contemplo
la ciudad
la noche
no descansa
víctima
de los presagios

los sueños
me susurran
los murmullos
de la realidad

ignoro la angustia
de los ojos turbios
suplicando libertad

los lamentos ahogan
su aspecto sombrío

flechas lúgubres
recorriendo esquinas

repudio
el semblante gris
de la zozobra
prefiero la mentira
de los presagios

mi noche
no descansa
contemplo
la ciudad.

Manojo de recuerdos

Mi vida
se estrecha
como un manojo
de recuerdos

la muerte
vive en mi lengua

¡ruinas!
¡solo ruinas!
¡troncos!
¡troncos
más troncos
sin ramas
hojas
ni frutos!

los fusiles
contemplan
mi pecho

disparan

un cura
me prepara
una nueva vida
de glacial
y olvido.

los segundos
cambian
el alcohol
me envalienta

los vestigios
de la vida
moran
en mi mente.
Músicas blancas

Soy el poeta
que sueña
músicas blancas

escudriño
el arcano
de los versos
la caricia
de las palabras

en la inmensidad
contemplo
la nostalgia
de la azul
casa vacía

canto a la vida
del capullo
exuberante
a la transparencia
que habita
la noche
a la rebeldía
de una paila
clamando
justicia
la muerte
ilumina
el escenario

en la fiebre
descansa
el veneno

las bombas
simbolizan
la paz

en mi rostro
siento
el golpe
de la frase:
“triunfa
la fatalidad.”

Vengo del ayer

Vengo
de un ayer
en eterna acechanza

los espejos
se olvidaron
de mi rostro

mis huesos
sucumbieron
a la intemperie
de una sepultura
abierta

mis fechas
—nacimiento y muerte—
marcados por el destino
son polvos
arrastrados
por los días
soy un naranjo en flor
un gusano con hambre
de bosque

el agua
de los ríos
un ave migratoria
una luna remota
huyendo del tiempo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Powered By Blogger